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Actualidad 2020
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Al inicio de 2020, con nuestro 30º aniversario en mente, hicimos un análisis desde Aesleme, como de costumbre al empezar el año, sobre la situación actual y los desafíos, a los que nos enfrentábamos en materia de seguridad vial…

Y entonces llegó el Covid-19.

Hemos cumplido, por tanto, 30 años en septiembre, en medio de la pandemia más grave del último siglo, por sus efectos inmediatos no solo en la salud sino también en la economía, la educación, etc. Y queremos recalcar el término “por sus efectos inmediatos”, porque los siniestros viales fueron declarados también pandemia en 2005 por la ONU y matan a más de 1 millón 300 mil personas al año en todo el mundo, sus consecuencias económicas y en la salud son devastadoras… Pero su efecto no es tan inmediato ni tan visible, ni satura las ucis en una semana. Es más bien un goteo, con el que nos hemos acostumbrado a vivir.

Así que, en esta increíble e incierta coyuntura en la que nos encontramos, inesperada para todos tan solo 9 meses atrás, Aesleme cumple 30 años y vemos cómo la pandemia de los siniestros viales también queda relegada por el Covid-19, y decimos “también” porque casi todo queda relegado ante la emergencia del Covid: otras enfermedades u otros asuntos de cualquier índole.

Pero hay muchos indicativos del error que esto supone. Un ejemplo son los jóvenes: han fallecido más entre los 15 y 24 años por accidentes de tráfico, en 2020, que por Covid (de 23 muertos el pasado verano a 38 esta temporada). Y esto se suma a la tendencia que ya veníamos observando en años anteriores. Porque las muertes entre los jóvenes no han descendido en los últimos años, sino todo lo contrario: de los 154 fallecidos del grupo de entre 15 y 24 años de 2014, subimos a 170 en 2015; hasta los 198 en 2016, alcanzamos los 200 en 2017 y superamos esta cifra en 2018, con 207 víctimas mortales de estas edades. Y no podemos olvidar los heridos: 1.169 jóvenes resultaron heridos hospitalizados y 21.669 heridos no hospitalizados, solo en 2018.

No podemos aceptar estas cifras. Aesleme nació en 1990, precisamente, como respuesta a la alarmante lacra vial, que dejaba a miles de jóvenes en silla de ruedas de por vida o con otras lesiones discapacitantes. Los doctores de la entonces Unidad de Lesionados medulares -que ya no existe, desgraciadamente- del Hospital La paz de Madrid vivían diariamente este drama y fundaron Aesleme, para concienciar a la sociedad y combatirlo. Y es que, en el año 1989, la siniestralidad en nuestro país tocó techo: según datos de la DGT, 9.344 personas fallecieron ese año en las carreteras y ciudades españolas y 52.438 resultaron heridos graves, muchos de ellos y muy jóvenes, con lesiones medulares o traumatismos craneoencefálicos. Era una auténtica tragedia.

Y sin parecer triunfalistas, también es cierto que, echando la vista atrás, estos 30 años de Aesleme han supuesto ver cómo España pasaba de ser uno de los países europeos con más víctimas por siniestro viales a un ejemplo mundial de cómo reducir la siniestralidad. Para Aesleme ha significado la especialización y profesionalización en la prevención de accidentes y sus graves consecuencias y nos ha posicionado como una de las principales asociaciones españolas en materia de seguridad vial, atención y representación de las víctimas de tráfico y referente en cuanto a los medios de comunicación y la opinión pública. Son 30 años de trabajo, dedicación y entrega a una causa, en la que creemos con total determinación.

Una causa en la que comenzamos, en 1990, con el objetivo de reducir esos más de 9 mil fallecimientos anuales y 53 mil heridos graves a perseguir, en 2020, el objetivo Cero víctimas en las carreteras. Porque hemos entendido que la movilidad, en una sociedad avanzada, no debe ni tiene que causar víctimas.

Apuesta por una movilidad sostenible y… ¿segura?

Precisamente, este año (del 16 al 22 de septiembre) y coincidiendo con nuestro aniversario, se celebra la Semana europea de la movilidad, que apuesta por modelos de movilidad sostenible. El lema elegido en 2020 es "Por una movilidad sin emisiones", inspirado por el Pacto Verde Europeo y el objetivo de que para 2050, Europa sea un continente climáticamente neutro. ¿Pero se puede considerar que un modelo es sostenible si no es seguro? No podemos pensar o ligar la idea de sostenible solamente a menos contaminante o menos emisiones, es necesario añadir, siempre, el concepto movilidad “segura”.


El pasado 31 de agosto, la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución A / RES / 74/299 sobre la mejora de la seguridad vial mundial y proclamó la Segunda Década de Acción para la Seguridad Vial 2021 - 2030. El principal objetivo es reducir las muertes y lesiones en la carretera o calles en un 50% para 2030.

Si estamos presenciando un cambio hacia el uso masivo de la bicicleta y de los patinetes eléctricos y las víctimas comienzan a despuntar entre este colectivo, ¿A qué esperamos para hacer obligatorio el casco, los elementos reflectantes, a hacer campañas informativas a segregar carriles? Y si también vemos multiplicarse a los peatones ¿por qué no hemos incluido aún la tecnología ADAS de asistencia a la conducción y detección de ángulos muertos y peatones y ciclistas, en las flotas profesionales o coches que circulan por zona urbana, complementando las etiquetas de emisiones con el concepto de vehículos seguros? Existen las vacunas, las herramientas para frenar la cifra de víctimas por siniestros viales, pero no mostramos la valentía necesaria para ponerlas en marcha y atajar las cifras de siniestralidad y los desafíos que se nos están presentando..

¿Y hacer un llamamiento oficial a los influencers, para que también conciencien sobre los riesgos de circular bebido o drogado o usando el móvil? Como sí se ha hecho con las medidas de prevención de contagio por coronavirus. Y a circular nos referimos no solo al coche, porque, como decíamos, los modelos de movilidad están cambiando a un ritmo acelerado y de forma paralela vemos ascender las víctimas entre usuarios vulnerables -más del total de los fallecidos ya son peatones, ciclistas o motoristas y no ocupantes de un vehículo-.

Da la sensación de que, como sociedad, hemos aceptado que la movilidad tiene que causar cierto número de víctimas. Otro tema es si preguntas, de forma individualizada, si se acepta que, entre esas víctimas asumidas, van a estar sus seres queridos.