Comenzamos 2020 -que hay quien señala como principio de una década y quien lo considera, todavía, el final de la anterior- con una noticia esperanzadora. Los datos de siniestralidad, no definitivos, de 2019 representan el mínimo histórico desde 1960 -primer año en el que se realizaron estadísticas de este tipo, en España-. Los 1.098 fallecidos en las vías interurbanas, en los 1.007 accidentes mortales, así como las 4.395 personas que requirieron ingreso hospitalario, suponen un descenso de un 6,7% en el número de accidentes (-72); un -7,6% en el número de fallecidos (-90) y un descenso del 3,8 % en heridos graves (-174). Deseamos que este descenso, o aún mayor, si cabe, se convierta en una tendencia y se repita en los próximos años. Dar este tipo de noticias siempre resulta agridulce y deja un regusto amargo final, porque hay 1.098 familias que se suman al dolor de perder a un ser querido, repentinamente, cuando se desplazaba de un lugar a otro, sin olvidar los 4.395 heridos graves (muchos de los cuales quedarán con lesiones permanentes).

Desde Aesleme no nos cansamos de repetir que la movilidad ni puede ni tiene que causar víctimas. En este año clave, puente entre una y otra década, como decíamos antes, ya sabemos qué indicadores de la Estrategia española de Seguridad vial 2011-2020 de la DGT no van a cumplirse y nos encontramos, además, ante la elaboración de nuevos indicadores.

En 10 años, los tiempos han cambiado, los modelos de movilidad han cambiado. Por comenzar con un ejemplo, en 2011, la DGT marcaba como objetivo reducir en un 25% el número de conductores fallecidos y heridos graves en fin de semana, del grupo de edad de 18 a 24 años -objetivo que se ha cumplido, pues en 2009 (cifra basal), sumaban 730 los muertos de este grupo, en 2011, sumaron 525 y en el año 2018 se llegó a 310-. Era este tipo de perfil el que preocupaba específicamente, por dejarse la vida al volante los fines de semana en sus salidas, mezclando alcohol y conducción. Ahora, sin embargo, no es el conductor el que más preocupa, son los demás ocupantes del vehículo y los motoristas de estas edades.

Porque las muertes entre los jóvenes no han descendido, sino todo lo contrario: de los 154 fallecidos del grupo de entre 15 y 24 años de 2014, subimos a 170 en 2015; hasta los 198 en 2016, alcanzamos los 200 en 2017 y superamos esta cifra en 2018, con 207 víctimas mortales de estas edades. Y no podemos olvidar los heridos: 1.169 jóvenes resultaron heridos hospitalizados y 21.669 heridos no hospitalizados, solo en 2018. No podemos aceptar estas cifras. Ahora los jóvenes han aplazado la obtención del carné de conducir, muchos se inclinan por buscar otros medios de transporte (motos, vehículos de movilidad personal, transporte público, bicis…) que sustituyen al coche como medio principal y no les preocupa no tenerlo en propiedad. Además, los positivos de los tests de alcohol al volante han bajado, sin embargo, están subiendo entre aquellos que consumen drogas y después conducen. Muchos de ellos llevan ocupantes, que no conducen, pero no dudan en subirse al vehículo.

Debemos trabajar de forma más insistente con este colectivo, no solo actualizar y aumentar las campañas de concienciación de consecuencias y riesgos, para alcanzar a más jóvenes con los mensajes apropiados, sino, además, repetir y ampliar el mensaje, en aquellos que ya lo han recibido. Y hacer un especial esfuerzo con los chicos, pues no podemos olvidar que el 74% de los fallecidos de entre 15 y 24 años, el 72% de los heridos hospitalizados y el 60% de los heridos no hospitalizados, son hombres, en 2018, pero en los años anteriores, los porcentajes son muy parecidos.

Aesleme nació hace 30 años, precisamente como respuesta a la alarmante lacra, que los doctores de la entonces Unidad de Lesionados medulares -lamentablemente, ya no existe- del Hospital La paz de Madrid tenían ante sus ojos. Y es que, en el año 1989, la siniestralidad en nuestro país tocó techo: 9.344 personas fallecieron ese año en las carreteras y ciudades españolas y 52.438 resultaron heridos graves, muchos de ellos y muy jóvenes, con lesiones medulares o traumatismos craneoencefálicos. Era un auténtico drama.

Aesleme, como decíamos, entra ya en la treintena en 2020 y, aunque, gracias al esfuerzo de todos -administración, gobiernos, sociedad civil, medios de comunicación, sociedad, etc.- esas espeluznantes cifras de finales de los 80, no han vuelto a repetirse, nos encontramos, lamentablemente, ante un ascenso de víctimas entre nuestros jóvenes, por accidentes de tráfico.

Por supuesto, no es el único grupo con el que hay que trabajar y definir un objetivo claro, dentro de la Estrategia de Seguridad vial 2011-2030, pues también han aumentado las víctimas entre los mayores de 64 años. Y cómo no mencionar a los usuarios vulnerables, que se multiplican en lo nuevos modelos de movilidad urbana, y alcanzan ya casi la mitad del total de la cifra de fallecidos o el gran problema que tenemos con la edad media de antigüedad de las furgonetas y la enorme proliferación de estos vehículos como medio de trabajo, ante el boom del e-commerce y el consiguiente aumento de siniestralidad en este tipo de vehículo.

Estamos convencidos de que, en cuanto entre en vigor la bajada del límite de velocidad de 50km/h a 30km/h, en muchas de nuestras vías urbanas, la cifra de siniestralidad entre usuarios vulnerables mejorará, como ha mejora el número de víctimas mortales en las vías convencionales, con el límite de 90km/h y la extensión de kilómetros de carreteras 2+1. Pero no es suficiente, porque otro de los objetivos marcados en la estrategia 2011-2020 era el de “cero fallecidos en turismos en zona urbana” y todavía, en 2018, perdieron la vida 69 personas de este perfil. ¿Morir en un coche en ciudad? No es admisible. Son muchos los objetivos de este Plan Estratégico que, entre todos, no hemos sido capaces de cumplir, y todos ellos suponen una frustración, pero algunos, además, son inadmisibles, por lo que implican. Es hora, también, de empezar a apostar por los sistemas de asistencia a la conducción, no solo en los coches nuevos sino también en postventa, pues está demostrada la efectividad de esta tecnología de prevención de accidentes para prevenir siniestros viales, para reeducar al conductor hacia conductas más seguras e incluso para ahorrar combustible y reducir, por tanto, la contaminación.

Aesleme cumple 30 años

En estos 30 años de vida hemos visto dar un cambio radical de la seguridad vial en nuestro querido país; hemos sido testigos y actores principales de este cambio. Hemos celebrado cada uno de los agridulces éxitos en las cifras de siniestralidad y seguimos analizando cada uno de los espacios por los que se nos escapan las vidas y la integridad física de las personas, al desplazarse. Hemos actualizado nuestras campañas de concienciación y hemos creado algunas nuevas, para llenar esos vacíos. Hemos empujado con fuerza a los partidos políticos para que nunca olviden que la seguridad vial debe estar entre sus prioridades. Hemos unido nuestra energía y experiencia a la de otras entidades públicas y privadas para hacer causa común. Hemos estado siempre ahí, incansablemente, trabajando para evitar que otras personas sufran las consecuencias de un siniestro vial, como muchos de los que formamos Aesleme han sufrido. Y nuestra intención es seguir siempre, porque creemos en lo que hacemos, porque sabemos que la información, la educación y la concienciación es la base de una baja siniestralidad y porque una sociedad en la que la movilidad no causa víctimas es una sociedad avanzada.

Queremos marcar objetivos ambiciosos para la próxima década y queremos cumplirlos. Hasta en 37 días, en 2018, se contabilizaron CERO víctimas mortales por accidente de tráfico en nuestras vías. Queremos CERO VÍCTIMAS en nuestras carreteras y calles y no vamos a cejar en el empeño. Cumplimos 30 años de servicio a la sociedad española y lo hemos hecho de corazón; con pasión por lo que hacemos; con formación continua y conocimiento y con esa obstinación necesaria para mover montañas. Nuestra montaña es lograr una movilidad segura y sostenible, que no cause ninguna víctima y lograr que todos lo entendamos así.